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Antecedentes
 
 
Historia de la Empresa Municipal de Agua -EMPAGUA-
 
El camino de agua no se detiene
 
 
Municipalidad de Guatemala
Gota agota el agua se agota.

A más de tres siglos de haberse trasladado la ciudad de Guatemala al Valle de la Ermita, los 1,860 metros cúbicos de agua que se utilizaban para surtir a los vecinos de la ciudad son sólo un lejano recuerdo.

 

Fue hace 233 años, por mandato de las autoridades municipales de la época, que se organizó una comisión especial para que investigara las características de los terrenos más cercanos al Valle de la Ermita, y así poder surtir del líquido a los vecinos.

 

Un primer informe de la época indicaba: “Bañan el Valle de la Virgen los ríos Las Vacas, Mixto, Pinula y diferentes vertientes que podrían incorporarse”. Concluido dicho estudio se unieron las aguas de los afluentes de Mixco, Concepción, Pansalique, Pancochá, Betién, Pinula, Acatán y La Bonita.



Con la unificación de estos caudales la nueva Ciudad de Guatemala se vio beneficiada con la disponibilidad de 930 pajas de agua, es decir, 1,860 metros cúbicos del líquido que era conducido por medio de un acueducto cerrado, construido de ladrillo y mampostería, cuya principal fuente de abastecimiento era el río Pinula.

 

Una vez trasladada a la Ciudad de Guatemala, una parte de la distribución del agua se efectuaba a presión, mediante un sistema primario de tuberías de barro cocido; la otra parte era transportada sin presión a los usuarios, por un sistema de canales de barro cocido y ladrillos.

 

La distribución del agua, que llegaba al Valle de la Ermita a través de los acueductos de Pinula y Mixco, se hacía desde la central Cuarto de Trompeta, ubicada en la Av. Bolívar y 20 calle, zona 1, donde se originaba el sistema primario de suministro, el cual alimentaba una serie de cajas elevadas de mampostería llamadas alcantarillas, colocadas en ciertas esquinas de las calles.

 

De estas cajas o alcantarillas se originaban los sistemas secundarios de distribución, que se utilizaban para medir y resguardar los caudales que se servían a cada uno de los usuarios en forma particular. Dicho servicio consistía en la perforación de un agujero en la pared de la alcantarilla, que luego era sellado con un mortero de cal, tras dejar introducido un tallo de paja. Al endurecerse el mortero se retiraba el tallo, y la cantidad de agua que salía por este orificio a la tubería de la residencia, medía una paja de agua.

 

Esta práctica dio origen al derecho regulado del uso público del agua, la cual era suministrada sin presión ni sistema de medición real. Durante esta etapa, el líquido no era tratado, por lo que no se distribuía agua potable.



Del barro cocido al hierro fundido

 

El abandono del barro cocido como principal material para la construcción de las tuberías de abastecimiento de agua, así como el paso al uso de hierro fundido, marcó el inicio de una nueva etapa en la distribución del líquido.

 

La tubería de hierro fundido gris y el hierro galvanizado, cuyo uso se introdujo en 1897, permitió reducir el consumo de tuberías de barro cocido.


La tubería de hierro no eliminó el uso de la de barro, aunque ésta pasó a un segundo plano. Por ello, algunas instalaciones de tuberías de barro siguieron operando, ya que ambos sistemas de distribución domiciliar permitían el acceso al servicio mediante el uso de las denominadas “flautas”.



Las “flautas” eran pequeños tramos de tubería de diámetro mayor al utilizado para llevar el agua a las casas, ya que la tubería que conectaba la flauta con el inmueble usuario era de menor diámetro.



Cada nueva instalación efectuada desde la tubería principal dio lugar a que se formara una “telaraña” de conexiones de agua bajo tierra, que posteriormente quedaron bajo el pavimento de las calles y las banquetas de las residencias, lo que dificultaba su posterior ubicación, al no haberse levantado planos de las mismas.



Este cambio en el sistema de distribución de agua, con la creación de nuevas redes de tubería de metal en sustitución de las de barro cocido, coincidió con el crecimiento de la ciudad y la preocupación de las autoridades municipales del momento por mejorar el sistema de abastecimiento.



Entre 1889 y 1897, el Gobierno central, con el fin de atender la creciente presión a las autoridades edilicias para solucionar el problema, decretó la intervención del servicio de suministro de agua y promovió la incorporación de nuevos caudales.



La intervención del sistema de agua permitió, en aquel entonces, renovar la mayor parte de la red de distribución, y el barro y mampostería dieron paso al hierro fundido gris y el galvanizado.



El agua entubada es más sana

 

Con el uso de un nuevo sistema para llevar el agua a los domicilios de los vecinos del municipio, mediante la utilización de una red de hierro fundido y galvanizado, la Empresa Municipal de Agua entró a una nueva etapa: la de purificación.



Junto a la instalación de una nueva red de hierro, en sustitución de la antigua tubería de barro cocido, la municipalidad estableció las primeras plantas de purificación de agua, así como su transmisión a mayor presión, para que llegara a más hogares.



Dicho proceso, que se mantiene hasta nuestros días, surgió después que la empresa J. Chite Engineering Co. y el ingeniero León Yela hicieran los estudios pertinentes para la introducción de los caudales de El Mariscal y el río Teocinte, respectivamente.



Este cambio, que se llevó a cabo entre 1930 y 1938 -aunque los estudios habían dado inicio en 1926- permitió la creación de las dos primeras empresas privadas de distribución del líquido, conocidas como Agua de Teocinte y Agua del Mariscal.



En julio de 1931las autoridades ediles decidieron establecer un sistema de medición del caudal: una “paja de agua” equivaldría a dos metros cúbicos, volumen que se suministraría diariamente a cada usuario y sería denominado “datación”.



Lo anterior coincidió con la implementación de un sistema de financiamiento para ejecutar las obras de conexión, con la venta de “pajas de agua” o fracciones, que se podía pagar en efectivo o por abonos.



Esta modalidad dio origen a la emisión del acuerdo del 9 de julio de 1941, por medio del cual se creó el “Título de Agua Municipal”, que otorgaba el derecho a utilizar 2,000 litros de agua por día.


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